¿Ola azul o voto de castigo a Morena y sus gobernantes?

A reserva de los cómputos oficiales, la gran sorpresa en estos comicios locales parece ser la alta participación ciudadana en algunos municipios y la rebelión de las clases medias que hoy le dieron la espalda a los candidatos de Morena, a diferencia de hace tres años.

El triunfo del panista Eduardo Rivera Pérez sobre la morenista Claudia Rivera Vivanco ya lo habían anticipado distintas casas encuestadoras, cuyas mediciones no fueron del todo acertadas en municipios como San Andrés y San Pedro Cholula donde daban como ganadores, incluso con cómodas ventajas, a los candidatos de Morena y el PT, Karina Pérez Popoca y Julio Lorenzini Rangel, respectivamente.

Lo que no calcularon o no supieron medir los encuestadores fue que los indecisos se inclinarían mayoritariamente —en Puebla y otros municipios de la zona metropolitana— por los candidatos de la coalición Va por México o por los candidatos comunes del PAN, PRI y PRD.

La derrota de la morenista Claudia Rivera que, a contracorriente del gobernador Luis Miguel Barbosa, buscó reelegirse por tres años más en la capital es, sin duda, multifactorial. Jugaron en su contra varios factores, entre ellos su desempeño como presidenta municipal, la división y fractura que generó su nominación entre militantes de Morena, la campaña de linchamiento mediático que desde el gobierno del estado se alentó en contra suya y el voto de rechazo de las clases medias.

Eduardo Rivera hizo válidos los pronósticos: logró mantenerse como el puntero de las encuestas antes y durante el proceso electoral, sin cometer errores graves y sin confrontarse con el gobernador Barbosa, lo que permitió que los medios de comunicación bajo su influencia lo cobijaran.

La victoria del PAN en varios municipios de la zona metropolitana como las Cholulas, Coronango y San Martín Texmelucan, hay que leerla con lupa. Más que un triunfo de los candidatos postulados por la alianza del PAN, PRI y PRD, es una derrota de los alcaldes de Morena que buscaron reelegirse como Karina Pérez Popoca, Antonio Teutli Clautle y Norma Layón Aarun, y un castigo de otros que tuvieron un mal desempeño o fueron corruptos como Luis Alberto Arriaga.

Esa victoria no es de ningún modo un triunfo de los dirigentes de los partidos estatales de la coalición Va por México, que en algunos casos jugaron a perder como Genoveva Huerta Villegas del PAN, en San Andrés Cholula, y Néstor Camarillo Medina del PRI en San Martín Texmelucan y San Andrés Cholula.

Es también resultado de un voto de castigo de las clases medias a los gobiernos de Morena, que en Puebla han dejado mucho que desear en términos de resultados, eficiencia y eficacia.

Pero sobre todo es resultado de la decisión de los electores de acudir a las urnas —el IEE estimó una participación del 46%—, dando al traste con los pronósticos que preveían una baja asistencia de votantes.

Aún es difícil saber si Morena y sus partidos aliados logran mantener la mayoría calificada que hoy tienen en el Congreso del estado, lo más probable es que no. Y esa sí que sería una buena noticia por el bien del estado, la división y el equilibrio de poderes.

En la Legislatura saliente, el Congreso del estado se convirtió en una oficina de trámites del gobernador Barbosa y eso tiene que cambiar. Así hay que interpretar el sentido de la votación de los poblanos por cuanto hace a la elección de diputados locales de mayoría.

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