CON LA DEFENESTRACIÓN de Gabriel García y la muerte de Raymundo Artís el plan de Andrés Manuel López Obrador de hacer del Banco del Bienestar el vehículo para que sus clientelas electorales que viven lejos de las zonas urbanas cobren los apoyos económicos de sus programas sociales, recibe un golpe mortal.

García era el estratega para que el banco dirigido por Diana Álvarez estuviera debidamente montado, con sus 2 mil 700 sucursales y una robusta red de cajeros automáticos, antes de las elecciones presidenciales del 2024 para el servicio del candidato de Morena.

Fue García quien como Coordinador de los Programas para el Desarrollo abrió la puerta a Alejandro del Valle y Carlos Cabal como proveedores de la 4T. Entretanto, Artís era el artífice tecnológico que como responsable del proyecto Internet para Todos y de la subsidiaria de la CFE Telecom, tenía a su cargo la construcción de la red y la conectividad a esas comunidades y municipios apartados, donde el presidente tiene una base electoral cautiva.

El proyecto original era hacer del Banco del Bienestar la caja expendedora de los pobres. Pero con García fuera, Artís fallecido y una Secretaría de la Defensa que no puede construir las sucursales a la velocidad que quiere López Obrador, el proyecto está haciendo agua.


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