Eli Lilly ya es el rey indiscutible de los medicamentos para bajar de peso, pero queda claro que eso no les basta. Este martes, la farmacéutica destapó una jugada bastante agresiva: van a desembolsar casi 4 mil millones de dólares en efectivo para comprar de jalón a tres desarrolladores de vacunas. Básicamente, están buscando expandir su músculo de investigación y desarrollo hacia la prevención de enfermedades infecciosas, un área donde venían con perfil bajo. Y claro, Wall Street reaccionó al instante. Las acciones de la compañía tuvieron un empujoncito hacia arriba, subiendo más de un 1.3% en las operaciones previas a la apertura del mercado, con picos que rozaron el 2.2% durante la jornada.
La operación está estructurada de la siguiente manera. Pusieron sobre la mesa 1,500 millones de dólares por Curevo, 780 millones por LimmaTech Biologics y otros 1,550 millones por The Vaccine Company. No son compras al azar para ver qué pega. Daniel M. Skovronsky, el jefe científico y presidente de la compañía, lo resumió bastante bien en su comunicado: la tirada de estas adquisiciones es prevenir las enfermedades desde la raíz, en lugar de andar tratando las consecuencias cuando ya es tarde. Y si nos metemos a ver qué hace cada una de estas empresas, la estrategia cobra todo el sentido del mundo. Curevo, por ejemplo, trae entre manos una vacuna para prevenir la culebrilla (el herpes zóster) en adultos, armada con un adyuvante sintético pensado específicamente para que el sistema inmunológico la tolere mejor y no pegue tan duro con los efectos secundarios.
Por su parte, LimmaTech se está yendo directo contra los patógenos bacterianos. Tienen en la mira a las infecciones de transmisión sexual como la Neisseria gonorrhoeae y la Chlamydia trachomatis, justo en un momento histórico donde la resistencia a los antimicrobianos está a todo lo que da y se ha vuelto un dolor de cabeza para los sistemas de salud. Luego está The Vaccine Company, que trae un enfoque mucho más clavado en la tecnología con sus nanopartículas in vivo (IVN). Usan partículas minúsculas para entregar de forma segura medicamentos, material genético o incluso sensores directamente en el cuerpo vivo, con el objetivo de frenar en seco patógenos virales pesados, como el virus de Epstein-Barr.
Ahora, para entender de dónde sale tanto flujo de capital para estas compras de golpe, hay que voltear a ver las minas de oro que ya tienen operando. Hoy en día, Lilly es un monstruo gracias a sus medicamentos superventas para la diabetes y la obesidad. Nada más en el primer trimestre, tan solo en el mercado de Estados Unidos, sus productos estrella Zepbound y Mounjaro les metieron a la caja 4,160 millones y 4,200 millones de dólares respectivamente. Es un nivel de ingresos brutal. Pero la competencia está ruda y tienen a Novo Nordisk respirándoles en la nuca con su exitoso Wegovy, así que no se pueden dormir en sus laureles. Por eso mismo acaban de lanzar Foundayo en este segundo trimestre, su nueva pastilla GLP-1 aprobada para tratar la obesidad. Mientras defienden a capa y espada su corona en el mercado del control de peso, Lilly ya está sembrando el terreno para que la inmunización sea su próximo gran negocio.